Hi, hi, hi! Pues las noticias llegan tarde... a un mes y cacho de haber entrado a la ENAP, muchos acontecimientos han tomado lugar desde entonces. Mi futuro cuento murió en su sueño; así que eso me puso algo triste... Para este momento los dos lectores que han de estar poniendo atención en este momento se preguntarán que cómo demonios es eso; pues bien, la cosa va así... El grupo en el que estoy tiene una variada fauna de personalidades, entre ellas, una que destacaba por su rareza; pero qué digo rareza, más bien, preocupante y ruidoso silencio, más parecido al de un asesino en serie que esconde sus más bajos instintos debajo de un semblante calmo y gris... (evitaré mencionar nombres verdaderos... por razones de seguridad ¬ ¬...) Los días corrían y las clases también. En este momento, esperamos la hora de Fotografía e intentamos aligerar el momento con pláticas que comienzan con frases hechas. Entre risas, me percato de que siento escalofríos. Alguien me observa y, lo que es seguro, tiene una mirada muy potente. De repente lo encuentro, entre las penumbras del otro lado del edificio y contesto su escrutante mirada. Él se esconde detrás de una pared, apresurado. Varios chicos se dan cuenta, pero nadie quiere opinar mucho del asunto. Parece que muchas veces, lo mejor es no evidenciar lo que nadie quiere ver, oír o sentir. Este episodio se repetiría otras muchas veces. Semanas más tarde, cierto día nos toca otra clase. Qué tedio para algunos, qué indiferente para otros. La chica encargada pasa lista para revisar los trabajos de todos. Hasta que llega al último. -¡Zaragoza! ¡Zaragoza! (Pero sí ahí está) comentan entre susurros algunos (¿por qué no le hace caso?) preguntan otros. -Oye, ya te toca- le dice uno de ellos. Pero Zaragoza no oye, no quiere oír, no debe oír. ¿Qué oculta tras ese rostro tan impasible? ¿Por qué no habla con los demás? ¿Por qué parece más una estatua que un chico de su edad? -Hijo, tu tarea-se dirije la maestra a él. En ese instante, el sacaba filo a uno de sus lápices Derwent... pero la pregunta lo dejó catatónico. La maestra, entonces sintió un miedo indescriptible mientras su joven alumno sostenía con fuerza su cutter. Todos guardan silencio; un silencio más propio de un cementerio. -Emm... muy bien, anótale que no trajo la tarea- anuncia la profesora a su ayudante. Este muchacho esconde algo, algo que presiento, duele y no debe ser sabido por nadie. Él se mueve sigiloso por los pasillos de la escuela, con tanto cuidado que parece creerse de cristal. Un niño de cristal. Pero los niños no nacen de cristal. Son frágiles, pero al crecer adquieren fuerza. ¿Qué escondes, Zaragoza? ¿Qué escondes detrás de tu negro ser? Reporteros niños con flores quieren ir a esta fortaleza y admirar su invaluable lienzo que palpita y goza de colores que ni fantasmas han visto. Ese lienzo, debajo de mi cama... respira y susurra por las noches. Drogada de sueño, nunca alcanzo a oír lo que dice; pero quema, quema y los heraldos aúllan la urgencia de abrir las ventanas. ¡Fuego! ¿Quién lo llamó? ¿Fue usted, señor Sombrerero? ¿o acaso fue usted, señora Daloway? Quien haya sido, ¡¡quítemelo de encima!! ¡Mi piel! ¡¡Se derrite y ustedes no hacen nada!! ¡Incluso osan reírse! Pero ya lo saben, si me voy, ustedes se hundirán primero, ¡¡desgraciados hijos de musas cirróticas!! Esto le hace la curiosidad a los gatos que se portan mal. Nunca he alcanzado a oír lo que dice el lienzo susurrante. Hasta ahora. El fuego-Zaragoza también me lo dijo. _______________________________________________________ ¿Qué tal? qué les pareció? creo que no está terminado... pero en fin, este cuento lo dedico a nuestra querida celebridad del Xanga latino No Alcanza. Qué honor fue recibir contestación a mi comentario!! de veras!! ojalá te haya gustado, lo remendé lo mejor que pude. De hecho, quería pedirte que lo completaras, pero ahora con la parte de la perspectiva del personaje de Zaragoza. Sería muy interesante y me encnataría Preguntas reales realizadas por abogados a testigo |
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